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EL IMPERIO DEL DELITO

Post 11 Febrero 2017 By Fernando Borja Gallegos In Editoriales

Con el mismo título escribí un artículo que, publicado en el Diario “El Tiempo” de Quito, el 18 de mayo de 1983, lo reproduje en la página 268, de mi libro “Aquí existió un país: su noble pueblo no pudo contra la corrupción”, segunda edición.

En el mentado artículo exteriorizo la preocupación de buena parte de la sociedad, de la época, por los delitos cometidos y que no fueron sancionados oportunamente. Sostengo que: “si las autoridades respectivas no adoptan medidas eficaces y enérgicas, el delito imperará revitalizado por la apatía y desidia demostradas al no castigar a los culpables”.

Hoy, al rememorar mi citado artículo, es coherente que, al igual que en el año de 1983, pedir que las autoridades asuman con responsabilidad y energía sus funciones a fin de que sus ejecutorias permitan se castigue a los que se han apropiado de recursos públicos.

Es fundamental que se investigue y se castigue a todos aquellos que se han apropiado de dineros del erario nacional, principalmente, en los casos atinentes a Petroecuador y la Refinería de Esmeraldas.

Como sostuvo Sartre “nada hay tan respetable como una impunidad largamente tolerada”. La sociedad está indignada: circulan declaraciones que comprometen el prestigio de altos funcionarios del régimen, por ende, indispensable que con imparcialidad se investigue y sancione a los varios responsables de coimas y sobornos que atentan contra la dignidad nacional.

El gran escritor ambateño Juan Montalvo, sostuvo: “los mandamientos de la Ley de Dios rezan: no robarás, esto es, no robarás a nadie, ni a tu padre ni a tu madre, ni a tu prójimo, ni al Estado. Robar a la Nación es robar a todos: el que roba es dos, cuatro, diez veces ladrón: roba al que ara y siembra; roba al que empina el hacha o acomete el yunque; roba al agricultor, al artesano, al artista, roba al padre de familia; roba al profesor, roba al grande, roba al chico; el que roba al Estado, roba a todos y todos deben perseguirle por derecho propio y por derecho público”.

Que gran verdad dicha por Montalvo “al que roba al Estado hay que perseguirlo”. Por tanto, corresponde a los altos funcionarios, en cumplimiento de su deber, perseguir y castigar a los individuos que se han apropiado de los dineros públicos y que su dolosa conducta atenta contra el honor y la dignidad nacionales.

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