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ENTRE LO RECTO Y LO FRAUDULENTO

Post 03 Mayo 2017 By Fernando Borja Gallegos In Editoriales

En mi artículo “La unidad en el bien une – la unidad en el mal separa”, publicado el 18 de abril de 2016, afirmé que “La pugna entre los poderosos trae a la memoria aquella sentencia de que la unidad en el bien une y que la unidad en el mal separa”.

Tanto es así que en la campaña electoral ecuatoriana pudimos observar que los antiguos enemigos políticos, en la primera vuelta electoral, denostaron los unos contra los otros. Candidatos denominados de la derecha injuriaron e insultaron a los llamados de izquierda y, para sorpresa del pueblo ecuatoriano, en la segunda vuelta electoral, todos cambiaron el discurso al verse derrotados por el binomio oficial. Ya no se deshonraron entre ellos, nominaron un candidato común, lo ensalzaron hasta el ridículo y, luego, de la derrota en la segunda vuelta electoral, nuevamente, desprestigiaron a su ungido candidato.

Es decir, se cumplió la máxima de que la unidad en el bien une, ya que los que se unen para el mal, a la corta o a la larga, terminan distanciados. Mientras los que se unen para el bien, la relación se incrementa, los ideales se afirman y los efectos siempre son positivos para la sociedad. Esto sostuve en mi referido artículo y hoy ratifico mi criterio.

Fraude electoral: la avidez de captar el poder los llevó a sostener que “hubo fraude electoral en la segunda vuelta”. No hubiera sido mejor reconocer la pérdida sin algazara? Comprender el error y la causa de su fracaso.

En mi artículo “El pánico a la segunda vuelta electoral en el Ecuador”, publicado el 21 de marzo de 2017, sostuve “que el político tradicional no entiende que la mayor fortaleza consiste en la integridad, su ejemplo de prudencia, de bondad y sinceridad y su hábito de la moral en la vida cuotidiana y que esos atributos son los únicos que apasionan a las multitudes. Cuando el pueblo descubre que el aspirante a tener su favor, en su pasado despilfarró los dineros públicos y se enriqueció al margen de la ley, el pueblo lo desprecia, le niega su apoyo”.

En el entorno internacional se advierte la gran desconfianza popular hacia las élites, la mayoría rechaza cada vez más a los partidos tradicionales, la fragmentación de las cúpulas de poder es producto de mezquinos intereses contrarios al bien común. Por tanto, si no rectifican su nefasta conducta, pronto desaparecerán de la faz de la tierra y solo se escuchará un lastimero quejido.

Se infiere de lo expuesto que es importante reconocer lo recto y desechar lo fraudulento y falaz.

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