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AQUÍ EXISTIO UN PAIS: SU NOBLE PUEBLO NO PUDO CONTRA LA CORRUPCION

Post 29 Agosto 2017 By Fernando Borja Gallegos In Editoriales

Por Fernando Borja Gallegos

Con este título se publicó mi libro, el mes de abril del 2011, tercera edición, en él exteriorizo mi preocupación por la corrupción imperante y destaco que es indispensable para la subsistencia de un Estado, que su orden jurídico se lo observe, se lo respete. Si una o varias normas de su orden jurídico se infringen sin que al transgresor se lo sancione, todo el orden jurídico se debilita y, más aún, con el nefasto precedente que se sienta al garantizar la impunidad de los infractores, los proclives al delito se soliviantan y, entonces sí, se ponen las bases para la anarquía, antecedente inmediato de la desaparición del Estado.

Destaco el repugnante salvataje bancario de 1992 y el criminal feriado bancario de 1999. Rememoré la lentitud que caracterizó a la Función Judicial de la época, la que causó que los delincuentes que reunían ciertas condiciones –dinero e influencia- no sean enjuiciados oportunamente y que, de serlo el proceso se instaurase una vez que el delincuente se hallaba fuera del alcance de la ley. En síntesis, recomendé un gran acuerdo nacional y sostuve que de no producirse la necesaria reconciliación y de no adoptarse las medidas que restablezcan el imperio de la moral y de la ley, se ahondará el caos disolvente en toda la sociedad y que los culpables se marcharán en ordenada formación. Sostuve que los caminantes se detendrán para leer el epitafio: AQUÍ EXISTIO UN PAIS: SU NOBLE PUEBLO NO PUDO CONTRA LA CORRUPCION. Concluí la introducción de mi mentado libro, pidiendo a Dios que permita al pueblo ecuatoriano encontrar un camino para una vida mejor, ya que nunca es tarde para rectificar.

Con los antecedentes expuestos y en virtud de los acontecimientos que son de dominio público, nada más importante que la Función Judicial actúe con imparcialidad, energía y agilidad a fin de castigar ejemplarmente a todos aquellos que se han apropiado de los dineros públicos y que han causado indignación con su dolosa conducta.

Como afirmó el gran escritor ambateño Juan Montalvo, recordado en mi artículo “El imperio del delito”, publicado el 10 de febrero del presente año “el que roba al Estado, roba a todos y todos deben perseguirle por derecho propio y por derecho público”.

El Presidente Lenin Moreno, aseveró que “antes de retroceder, preferiré acudir al pueblo para que, en su fuerza, dirima y señale los caminos” (diario El Comercio).

Grande es la responsabilidad del Jefe de Estado en las actuales circunstancias, pero su declaración transcrita, demuestra poseer una voluntad invencible “de no retroceder” frente a su afán de sacar al país adelante y de encontrar junto al pueblo el sendero recto de la integridad moral que garantice la grandeza de la Patria toda

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