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Lunes, 31 Diciembre 2018 17:37

“ATILA,” LA PERRA POLICIA QUE ENCONTRÓ A LOS PERIODISTAS ECUATORIANOS Destacado

Escrito por  ANE Agencia de Noticias de Ecuador

BOGOTA(DIC.3.201.agenciAne.- “Atila” y su guía, Leonardo Quiroga fueron quienes encontraron los cuerpos de los periodistas ecuatorianos en la selva colombiana, tras el secuestro y asesinato ordenado por alias el “guacho”.

La historia periodística sobre la operación y el papel de”Atila” está publicado en la revista Semana en su último número.

La crónica en sus partes esenciales dice: (…) El 20 de junio de este año, la perra llegó junto a su guía, el patrullero Leonardo Quiroga, a Tumaco. Dos meses atrás, hombres de alias Guacho, capo abatido del narcotráfico sobre la frontera sur del país, habían secuestrado a tres trabajadores del diario El Comercio, en un acto que conmocionó a dos naciones y a la prensa mundial. El tiempo había pasado y aún no había certeza de lo sucedido con el equipo periodístico. “Atila”, que se enfrentaba a su tercera misión como perra policía, tenía la responsabilidad de encontrarlos.

(…) Por un informante se tenían indicios del sitio donde podrían estar los cuerpos de Javier Ortega, Paul Rivas y Efraín Segarra. El operativo, sin embargo, no sería fácil, pues el área estaba en disputa entre la Fuerza Pública y la disidencia guerrillera del Frente Óliver Sinisterra. Ese 20 de junio, los llevaron en helicóptero cerca al área señalada. Pero aún no podían comenzar la búsqueda. Primero, los explosivistas tuvieron que hacer un barrido palmo a palmo por un terreno sembrado de minas. En esas se les fue el día. El patrullero Quiroga y Atila pasaron esa noche en la selva. Atila” y Quiroga estaban cerca a la orilla del río Mira, en un área húmeda y boscosa, con árboles altos y vegetación corta y espesa. A la mañana siguiente cogieron camino de nuevo. Era la primera misión de la perra en la selva y eso se notaba en su actitud, se comportaba distinto. En la ciudad, es un perra extrovertida y dispuesta al juego todo el tiempo. Ahora se movía con cautela y permanecía en silencio, sin despegarse de los pasos de Quiroga, como consciente del peligro que, en todo caso, era fácil de advertir, pues las explosiones de los tatucos y las balas no dejaban de sonar. Eso les recordaba que alrededor de ellos había un gran despliegue de uniformados que se enfrentaban a los disidentes para proteger la misión de Atila.

(...) Al mediodía, después de acordonar el área indicada, los agentes llamaron a Quiroga y a “Atila”. No tenían certeza de que los cuerpos estuvieran allí, pero la tierra tenía unas grietas que los hacía sospechar. El patrullero Quiroga pidió que todos los hombres se retiraran del área rodeada con cinta, y se quedó allí a solas con “Atila”. Agarró una varilla y empezó a hacer huecos en la tierra, en forma de cruz, para remover el olor subterráneo. Entonces soltó a Atila. La perra rodeó la zona y de repente se detuvo y comenzó a escarbar. Finalmente ladró. Esa era la señal.

(…) Esta vez, en la selva nariñense, los policías excavaron justo en el lugar señalado por “Atila” y encontraron dos cuerpos enterrados. Fue la primera vez que “Atila” encontró cadáveres. En sus dos misiones previas no lo logró. Había atendido un deslizamiento que arrastró un camión en la vía Pamplona - Bucaramanga, y una creciente que se llevó un carro en la carretera Piedecuesta - San Gil. En ambos casos hubo muertos, pero la naturaleza fue tan implacable que los encontraron lejos de donde Atila los buscaba.

Aún en caso de que los exámenes genéticos confirmaran que habían encontrado a los ecuatorianos, faltaba uno. Entonces los expertos señalaron otro punto en la tierra, que no tenía grietas ni mostraba ningún indicio, pero sobre el que sospechaban a partir de las informaciones recogidas. Se repitió el procedimiento. Atila y Quiroga se quedaron solos en el terreno. El patrullero removió la tierra y la perra volvió a ladrar. Desenterraron otros dos cuerpos.

Días después, cuando Atila y Quiroga estaban de regreso en Bucaramanga, el patrullero se enteró por las noticias de que los cuerpos hallados eran los del equipo de El Comercio y, al parecer, el de un disidente las FARC. Para “Atila”no había otra recompensa aparte de recibir su juguete favorito, su pelota roja

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