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Sábado, 16 Octubre 2010 21:23

CRIMENES POLITICOS EN ECUADOR.REPORTAJES HISTORICOS

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altRevueltas sangrientas han alterado vida republicana; los complot de poderosos cegaron la vida de políticos y gobernantes de a lo largo de la vida republicana del Ecuador.


Por Javier Simancas C.

La República se fundó sobre los escombros de una prolongada guerra que siguió aún más sangrienta por la lucha por el poder entre civiles y militares e incluso entre héroes independentistas.

Los comienzos de 1830, -dice la historia sobre la República- La transición del poder político de los representantes de la Corona Española a los representantes republicanos fue violenta. Actos subversivos, insurrecciones, golpes de Estado, golpes de mano, cuartelazos, asesinatos masivos, fusilamientos.

Las revoluciones, no para cambiar la herencia del sistema social dejado por la Corona, sino por conquistar el poder, tomaron como ideario los postulados de la Revolución Francesa y los preceptos contenidos en la Primera Constitución Política de los Estados Unidos de Norteamérica. Las guerras civiles dejaron viudas, huérfanos por los miles de muertos y un naciente país sin recursos económicos pero con enormes deudas por la prolongada guerra.

Las maquinaciones de los fundadores de los partidos políticos que, más tarde, se llamaron Liberal Conservador; los agravios y rencores personales, las invasiones militares del Norte y del Sur; las constantes conspiraciones y la sedición, también aportaron y trajeron repercusiones en el nacimiento del Estado y de la democracia.

Los crímenes políticos formaron parte de los turbulentos años republicanos. Los líderes políticos o las voces valientes de la oposición eran castigados con destierros, cárceles, muertes misteriosas y crímenes monstruosos y refinados.

 SUCRE, LA PRIMERA VICTIMA

Antonio José de Sucre, uno de los más grandes combatientes por la independencia, fue el primero que cayó en las redes de intriga, ambición de poder y de las balas.Fue eliminado en un complot preparado y ejecutado por el General José María Obando, fundador del Liberalismo colombiano y dos veces Presidente de ese país.

La mañana del 4 de junio de 1930, mientras regresaba a Quito, en la montaña de Berruecos, cayó abatido en una celada preparada por 8 sujetos al mando de Apolinar Morillo. Una bala le atravesó el corazón, dos más le impactaron en la cabeza.José Erazo, y su mujer, Juan Gregorio Sarria, los hermanos Rodríguez y un indio de apellido Cuzco fueron los otros cómplices del magnicidio. Antonio Mariano y Álvarez tuvieron el encargo de llevar el dinero que Fidel Torres distribuyó entre los complotados. Obando pagó cincuenta pesos en éste crimen.

 El asesinato del Mariscal de Ayacucho, según el historiador Carlos de la Torre Reyes, fue porque Obando veía en Sucre el ejecutor del testamento político de Bolívar y el único hombre de la Gran Colombia, capaz de imponerse a los autócratas en embrión que acechaban el momento oportuno para poder repartirse los despojos a que redujeron el ideario de una sola república de Bolívar.

 FRANCISCO HALL, LA SEGUNDA VICTIMA

 El fundador del Partido Nacional, embrión del Liberalismo ecuatoriano, Francisco Hall encabezó la lucha en contra del militarismo extranjero encarnado en la figura del General Juan José Flores.Junto con otros intelectuales fue masacrado en una calle de Quito, tras un frustrado intento de derrocar al gobierno de Flores.

 Hall fue colgado desnudo en un poste de la ciudad. Los otros como Nicolas Albín, Echenique, Conde, fueron asesinados a balazos.Sobre este eprsonaje poco se sabe. Se dice que fue un auténtico ermitaño. Tras su participación en las guerras de la independencia junto al Libertador Bolívar, se retiró al estudio y la meditación y se convirtió en uno de los ideólogos más importantes de la democracia y atrajo por ello a los jóvenes de la época. Era un inglés y patriota republicano.

 GARCIA MORENO, LA TERCERA VICTIMA

 Un complot de un grupo de los jóvenes liberales Manuel Cornejo Astorga, Roberto Andrade, Abelardo Moncayo, Manuel Polanco, culmina con el asesinato del presidente conservador Gabriel García Moreno. En este magnicidio también interviene Faustino Rayo, un antiguo protegido de García Moreno.Este crimen ocurrió el seis de agosto de 1875. El Presidente García Moreno, para unos era un Santo y para otros un tirano cruel y vengativo que resolvía sus diferencias con el látigo y las balas.

 IGNACIO CHECA, LA CUARTA VICTIMA

La vida republicana es también la historia de luchas entre liberales y conservadores cargada de odios, rencillas, ambición de poder. Es este ambiente el que deriva con el asesinato del Arzobispo José Ignacio Checa y Barba. El 30 de marzo de 1877 Checa y Barba es envenenado cuando celebraba misa en la Catedral de Quito.

Es que, como dice Carlos de la Torre Reyes, “...La persecución religiosa, neciamente desatada, daba visos de veracidad, en esos momentos de confusión, a la tesis de la intervención oficial en el luctuoso suceso. La abolición del Concordato fue uno de los actos del Gobierno que despertó mayor indignación en el pueblo católico...”

 Al mando de la República en ese entonces estaba el General Ignacio de Veintimilla.

 VICENTE PIEDRAHITA, LA QUINTA VICTIMA

Un año más tarde, el 4 de septiembre de 1878 era asesinado Vicente Piedrahita. Este ciudadano, era de las más preclaras figuras públicas de la época. “Su prestigio, su don de gentes, su versación en asuntos jurídicos, políticos y diplomáticos, le pusieron a la cabeza de los hombres sensatos, quienes anhelaban llevarle a la Presidencia para que continuara la magnifica labor de García Moreno,...” dice el libro “Vicente Piedrahita, un emigrado de su tiempo” del doctor Carlos de la Torre Reyes.

Este crimen político fue atribuido al General Veintimilla como el autor intelectual. Piedrahita era considerado como el único y capaz de aglutinar tanto a liberales como a conservadores para combatir al Gobierno. La mano asesina fue Manuel Cabrera, un oscuro ciudadano que negó ser el autor directo, pero que admitió que conocía del complot.

 VICTOR LEON VIVAR, LA SEXTA VICTIMA

El asesinato de Víctor León Vivar, ocurrió durante la Jefatura Suprema del General Eloy Alfaro. Vivar era un joven literato de Cuenca y uno de los más claros periodistas que combatieron al Liberalismo. Fue muerto en el cementerio de San Diego de Quito en la noche del 6 de agosto de 1896. Según el escritor Luis Robalino Dávila, el crimen se le atribuye al General Manuel Antonio Franco, en ese entonces Comandante en Jefe del Ejército y Jefe Civil y Militar de la provincia de Pichincha.En Cuenca, en los subsiguientes días caía un jefe conservador de apellido Guillén.

 ANTONIO VEGA, LA SEPTIMA VICTIMA

 El General Antonio Vega Muñoz, igualmente irreconciliable enemigo del Gobierno Alfarista, fue muerto a la entrada de Cuenca, cuando era conducido a la cárcel. Vega era uno de los Generales en rebelión contra Alfaro. En principio se quiso hacer aparecer como un suicidio pero historiadores afirman que fue crimen, puesto que una bala disparada por un soldado ciega esa vida el 10 de diciembre de 1906.

 EMILIO MARIA TERAN, LA OCTAVA VICTIMA

 Siguiendo un orden cronológico, el General Emilio María Terán, uno de los hombres de Alfaro, cae muerto en el Hotel Royal de Quito, de un disparo hecho por el Coronel Luis Quirola. La muerte de este oficial aparentemente fue por razones personales, pero en el fondo la razón es que fue descubierto conspirando contra el Gobierno. Fue muerto en vísperas de estallar un complot bajo su mando, con el ánimo de tomarse el poder. Murió el 3 de julio de 1911.

 LA MUERTE DE ELOY ALFARO Y SUS TENIENTES

 El asesinato del General Eloy Alfaro y sus Tenientes fue el más cruel y monstruoso de todos los ocurridos durante el tormentoso comienzo del siglo XX.

 Alfaro, tras su prisión en Guayaquil, fue traído a Quito y conducido hasta el panóptico en donde permaneció sin custodia ni protección alguna. A ese lugar acudieron e ingresan hasta su celda centenares de enfurecidos ciudadanos.

 Un fuerte golpe con un fierro termina con la vida del General e inmediatamente la muchedumbre enfurecida lo arrastra hasta el parque El Ejido, junto a sus más leales seguidores.

El crimen del panóptico como se llamó a este hecho fue eminentemente político, sin embargo sigue oscura la versión de los nombres de los conspiradores y actores intelectuales.

 LA MUERTE DE JULIO ANDRADE

 La vorágine de sangre y violencia política de la vida Republicana no termina con el asesinato burdo del General Julio Andrade. Esta figura política a lo largo de su vida pública, cumplió un trascendental papel a favor de la paz y la democracia. Este crimen político se produjo el 5 de marzo de 1912., “.

 Sobre su muerte, Carlos de la Torre Reyes señala: “La muerte de Julio Andrade constituye un hecho de grandes proyecciones históricas. Inicia el resurgimiento de libertad eclipsada en la época del Liberalismo de tipo caudillista que, de espaldas a su ideología, perpetuó el fraude eleccionario y la engañifa oficial en lo relativo al sufragio. La conciencia popular fue poco a poco reafirmando su fe en los valores de la democracia hasta que interrumpió con fuerza incontenible la protesta unánime del liberalismo civilista, del conservadorismo atenuado y de los sectores independientes. La revolución de junio de 1925, no fue sino la consecuencia de la plasticidad que adquirieron los principios políticos sostenidos por el General Andrade y en cuya defensa sacrificó hasta su vida generosa...”.

 EN LA DECADA DE LOS 70

Casi sesenta años después del crimen de Andrade el país se estremece con un nuevo crimen político. El asesinato del dirigente alfarista Abdón Calderón Muñoz se produce el 9 de diciembre de 1978. Aun se tiende un manto de misterio sobre el mismo , así como la de otros dirigentes estudiantiles que años en la misma época cayeron misteriosamente como el caso de Milton Reyes, Presidente de la FEUE de Quito.

 Reportaje publicado en Diario El Tiempo de Quito, el 13 de febrero de 1979


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