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Viernes, 13 Septiembre 2013 11:41

TRISTEZA O DOLOR PERMITEN MEDIR EMPATÍA EN CEREBRO

Escrito por  Agencia Ane/U Navarra
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Agencia Ane/U.Navarra.- Hombres y mujeres no procesan por igual la visión de rostros con expresiones felices o tristes. La tristeza o el dolor físico de otros permiten medir la empatía en nuestro cerebro.

Natalia López Moratalla, catedrática de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Navarra, dice que el don de la empatía, -de sentir las mismas emociones que otros-, aporta un talento extraordinario para la integración y la comunicación con los demás. Esta conducta tiene raíces biológicas en la empatía animal y procede de vínculos afectivos innatos. "Se descubrió en un estudio con monos que, gracias al sistema de neuronas denominadas espejo, eran capaces de reproducir en su interior de modo inconsciente la intención de otro congénere; el cerebro motor del mono que veía cómo a otro le ofrecían un cacahuete, se disponía a alargar la mano", destaca López Moratalla.

Otros experimentos han mostrado que, ante la visión del dolor infligido a una persona querida, se activan sus mismos centros afectivos del dolor físico, "más cuanto mayor es el afecto hacia la persona que sufre el dolor. "Estos dolores, sin dolor -señala-, permiten, especialmente a las mujeres, compadecer, sentir compasión".

El poder de los gestos

En opinión de López Moratalla, "es difícil mentir utilizando los gestos naturales. Solamente las personas como los buenos actores, a través de ejercicios y entrenamiento, consiguen meterse en la piel del personaje que interpretan y son capaces de transmitir a través de la expresión de su rostro determinados sentimientos de forma premeditada". "Y es que la empatía, -añade-, implica a las mismas estructuras neuronales que procesan nuestras propias experiencias, de forma que compartimos inconscientemente los mensajes emocionales de los demás".

Esta característica innata de los gestos es lo que da lugar a que nos formemos primeras impresiones, una primera información. "En este primer paso intervienen la amígdala y la corteza cingular posterior. Después, hay veces que cambian las primeras impresiones al recibir más información. Otras se confirman y en tal caso se reactivan de nuevo ambas áreas".

Al ver el rostro de una persona de la que sabemos que juega limpio, activamos la red neuronal de recompensa emocional, lo contrario que el rostro del tramposo insolidario, que nos produce poco efecto en el cerebro. "La solidaridad genera gozo. No solo tenemos una aversión innata contra la injusticia, sino que además nuestro cerebro está ajustado para la colaboración, que nos compensa más allá de los puros beneficios económicos", apunta la catedrática.

 

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