QUITO.22JUL.2021 (Agencia Ane)._ Los disturbios, protestas sociales, huelgas y manifestaciones antigubernamentales han convulsionado al mundo en estos últimos 20 años a tal punto que se han incrementado en un 244 por ciento.
Esta violencia social tiene un antes de la epidemia del corona virus y un hoy con la multiplicación del virus que aún no está controlado en ninguna parte del mundo. El Índice de Paz Global que publica el FMI, señala que el número de disturbios, huelgas generales y manifestaciones antigubernamentales en todo el mundo ha aumentado en un alarmante 244% en la última década. Los confinamientos y el miedo a los contagios por el coronavirus provocaron una pausa temporal de esta agitación, pero luego y dentro de esta situación ha reaparecido con la misma intensidad que antes del aparecimiento de la epidemia.
El citado documento advierte que las causas son varías: protestas motivadas por inquietudes socioeconómicas que dan como resultado contracciones más profundas del PIB, sin embargo no son comparable con las protagonizadas contra la política gubernamental o las elecciones, anota.
Según en análisis técnico del FMI las manifestaciones desencadenadas son una combinación tanto de factores socioeconómicos como políticos, como sucedió en Túnez y en Tailandia a principios de este año.
El FMI reconoce que las protestas públicas expresan la necesidad de un cambio de políticas por lo que los gobiernos deben escuchar, responder e intentar anticipar las necesidades de la gente con políticas para proporcionar una justa de prosperidad para todos, impulsar el empleo, frenar el impacto a largo plazo de la crisis y proteger a quienes se han quedado atrás.
Este estudio llamado ¿Podría verse dificultada la recuperación por una nueva ola de tensión social? fue redactado por Metodij Hadzi-Vaskov, Samuel Pienknagura y Luca Ricci, técnicos del FMI, quienes recomiendan que para tener éxito y evitar conflictos, las reformas deben realizarse con un amplio diálogo social sobre el papel del Estado y sobre cómo financiar de forma sostenible la presión sobre el presupuesto. De otro modo, los costos económicos de la pandemia se verán agravados por los costos de la tensión resultante.