Los casos descubiertos comprometen a hospitales controlados por el Ministerio de Salud, del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, IESS e incluso de la policía nacional. La principal característica de estos negocios son los sobreprecios en compras, por ejemplo, de mascarillas que en el mercado cuestan 3 y 4 dólares pero que fueron cotizadas a través del portal de compras públicas hasta el 12 dólares. Lo mismo ha ocurrido con la compra de fundas plásticas negras para embalar a los cuerpos que murieron por el coronavirus.
Estos casos no han sido manejados eficazmente por los órganos de control estatal como contraloría general del Estado, Fiscalía y Procuraduría General y menos por la secretaria nacional anticorrupción de la presidencia de la República, que han permitido que los autores,cómplices y encubridores evadan la justicia.
La Comisión Nacional Anticorrupción (CNA) alertó de que en por lo menos 23 contratos en siete hospitales de la red pública de salud de Quito y Guayaquil, Manta, Cuenca, Portoviejo, se habían cometido actos de corrupción,especialmente por sobreprecios y favoritismo a casi siempre las mismas empresas proveedoras de insumos médicos de distinta clase. La investigación de la CNA se realizó entre mayo de 2019 hasta marzo de 2020. El monto total de los 23 contratos alcanzaría los $32 550 223. "Los contratos están vinculados a siete hospitales de la red pública y en ellos nos ha quedado claro que se ha favorecido a once proveedores: siete son personas naturales y cuatro son personas jurídicas", declaró el Coordinador de la CNA, Germán Rodas.
Las denuncias fueron entregadas a la Contraloría e incluso a la Fiscalía, pero tales órganos de control no han tomado en cuentas las mismas. La Fiscalía General del Estado en un esfuerzo por justificar su poca agilidad y preocupación ante las denuncias, deslindó sus responsabilidades asegurando que varias de las investigaciones que lleva adelante y que corresponden a contrataciones públicas durante el estado de excepción por la crisis sanitaria del coronavirus, están afectadas por la interferencia de la Secretaría Nacional Anticorrupción que viene pidiendo información a los diferentes fiscales y porque muchos de los casos se denuncian a través de las redes sociales sin ser “sujetos procesales”.
La Fiscal Diana Salazar exigió la supresión de esa dependencia que está bajo directo control del Presidente de la República. La Secretaría está dirigida por José De la Gasca, funcionario que confesó que ha estado muy activo en las investigaciones, sobre todo, por las denuncias de sobreprecio en los Hospitales del Seguro Social.
Por su lado el Director Nacional de Control de la Legalidad de Contratos de la Procuraduría General del Estado,ante las últimas denuncias de corrupción en el sector de la salud, considera que el problema central de la misma no radica en los procedimientos de contratación pública, sino en las personas que toman “erradas” decisiones en dichos procedimientos. Desde esta óptica –sostiene- lo que se debería hacer, más allá de alguna reforma posiblemente necesaria a la normativa, es definir procedimientos de selección, que privilegien una actuación ética habitual con base en perfiles adecuados, para escoger a las mejores personas para la gestión de la contratación pública. En esa línea requisitos esenciales a tomar en cuenta son: gozar de probada honorabilidad, demostrar una hoja de vida pública absolutamente limpia e intachable y un conocimiento profundo de las normas que regulan la contratación pública con una actualización complementaria permanente, al intentar dar una clase de ética pública.
