La última vez que visitó Francia un Pontífice fue en 2008, cuando se entrevistaron el papa Benedicto XVI y el presidente francés Nicolas Sarkozy. El Papa Francisco visitó brevemente Francia tres veces, pero nunca París.
En su discurso de bienvenida el presidente francés Macron presentó a Francia como un país “imbuido de espiritualidad,siempre en busca de lo universal,emancipada, comprometida con su propio proyecto de libertad, igualdad y fraternidad, diversa y unida, sensible y animada por el fervor.”
El Jefe de Estado mencionó los orígenes franceses del Papa y los dos mil años de historia del cristianismo en el país, salpicado de catedrales, basílicas, iglesias y monumentos, porque "creer es crear". En nombre de este legado, se tomó la decisión, tras el "terrible incendio" de la catedral de Notre-Dame, de reconstruirla, devolviéndola "no solo a los católicos, sino a todos los franceses e incluso, más allá, al mundo entero".
El laicismo francés, dijo el mandatario, “no es en absoluto la negación de la religión”, puesto que considera su deber permitir que cada persona, “según su conciencia, piense y exprese su punto de vista en todos los ámbitos de su existencia, crea o no crea tanto en el ámbito privado como en el público, siempre que respete sus leyes”.
Respecto al resurgimiento, en los últimos quince años, de actos cometidos contra personas o propiedades por motivos religiosos, Macrón habló de “manifestaciones insoportables de intolerancia que atentan contra la esencia de la religión cristiana, así como contra las comunidades judía y musulmana”.
Prometió continuar la lucha esencial para proteger los lugares de culto, fomentar la tolerancia y promover el diálogo interreligioso, en vista de la necesidad existencial y de la búsqueda de la paz en todos los frentes.
Ningún francés, creyente o no creyente, puede negarse a emprender un compromiso que él mismo asume. "La guerra hiere a nuestro continente y las tensiones y los conflictos están resurgiendo por todas partes, enfatizó.
Sin embargo, añadió, la paz "es algo más que el silencio de las armas", porque presupone "justicia, seguridad, respeto por los derechos humanos, la soberanía de
El jefe de Estado francés reiteró que el país defiende la paz, la acción multilateral, el respeto al derecho internacional y a la Carta de las Naciones Unidas, manteniendo la coherencia y la consistencia, porque toda vida vale la pena y todos los pueblos deben ser defendidos.
En la lucha por la paz —inseparable de la lucha por la dignidad humana- y contra la injusticia, los más vulnerables pagan el precio de las crisis y los conflictos huyendo de sus hogares. Muchos de esos rostros se encontrarán con la mirada del Papa en Maison Bakhita, anticipó Macron, agradeciendo a quienes se dedican al servicio de los demás.
El mismo agradecimiento se extiende a quienes se dedican a la educación para el bien común, respetando al mismo tiempo el planeta, y reafirmando el compromiso —en un siglo marcado por el clima y la biodiversidad— de garantizar que ningún país retrase la transición por falta de recursos, "ni tenga que elegir entre su propio desarrollo y la preservación del mundo vivo",agregó Macron.
Por su parte, en el primer discurso,el Papa León XIV habló de la necesidad de prohibir las armas nucleares y de reducir los armamentos existentes, porque “la paz no es un equilibrio de fuerzas, sino que se construye cada día a través del diálogo y la justicia”."Os exhorto, pues, a que nunca os resignéis ante la perspectiva de una guerra considerándola inevitable , sino a que “promovamos sin descanso el diálogo y la diplomacia, con el fin de preservar sociedades pacíficas, respetuosas con la dignidad y los derechos de la persona y de los pueblos.".
Ojalá Francia, fiel a sus valores, trace el camino hacia una paz desarmada y desarmante, y ofrezca con responsabilidad su insustituible contribución en favor de la paz. Que vuestra libertad crezca sin cesar en el compromiso por el bien común; que vuestra fraternidad abarque a toda la humanidad; y que la igualdad a la que aspiráis se base siempre en los fundamentos de la justicia y la caridad, sin eliminar las diferencias entre las personas, sino haciéndolas fructificar armoniosamente en beneficio de toda la sociedad, expresó el Papa.
Luego añadió: Libertad, igualdad y fraternidad no son simples palabras grabadas en los frontones de vuestros edificios públicos, sino que remiten a exigencias éticas universales, que encuentran también en el mensaje evangélico una fuente inagotable de inspiración y realización.
Para no perder nuestra humanidad en medio del “paraíso de las máquinas” que invade y condiciona nuestra vida cotidiana, es urgente formar las mentes en un discernimiento ético, capaz de reconocer lo que es moralmente bueno. Esta exigencia es fundamental para reconocer el verdadero bien que hace crecer al hombre según su vocación primaria, en el respeto incondicional de su libertad interior y de su dignidad sagrada.
Reiteró que la tutela del derecho a la vida constituye el fundamento imprescindible de cualquier otro derecho humano.
A veces constato con preocupación las derivas actuales de las sociedades que corren el riesgo de distorsionar la ciencia y la tecnología, transformándolas en empresas lucrativas que favorecen las manipulaciones genéticas, la maternidad subrogada, la compra de órganos o la oferta de una muerte programada. subrayó Leon XIV.
También dijo que una laicidad justa no consiste, por tanto, en excluir la religión de la esfera pública o de la educación, sino en comprometerse a que el Estado y las instituciones religiosas dialoguen entre sí y unan sus fuerzas al servicio del bien común, para que el mundo tenga vida
Al concluir su discurso, León XIV expresa su gratitud y recuerda que «una Iglesia que pretenda desentenderse de los asuntos temporales no cumpliría plenamente con su vocación; y un presidente de la República que pretenda desentenderse de la Iglesia y de los católicos incumpliría su deber». A continuación, expresó su deseo de paz, unidad y prosperidad para que el mundo tenga vida.
PARIS (Agencia ANE).- "Es para la República Francesa un gran honor y también una gran alegría darle la bienvenida,dijo el presidente francés, Emmanuel Macron al reunirse con el Papa XIV en el salón de recepción del Elíseo.