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Viernes, 01 Julio 2022 02:58

PUNTO DE ORDEN

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DIARIO EL TIEMPO DE QUITO

16 DE MAYO de 1979

Contra viento y marea

PUNTO DE ORDEN

Por Javier Simancas C. (Juan de la Luna S.)

El objetivo de cristalizar los anhelos de paz, libertad y conciliación nacional que trae como consecuencia el proceso de democratización del país depende, ahora sí, de lo que hagan y dejen de hacer quienes fueron elegidos legítimamente en los comicios del pasado 29 de abril.

Por ello, es  de urgencia  que  determinados líderes políticos y diputados nacionales renuncien a sus posiciones intransigentes e individuales  para dar paso hacia la conciliación nacional  que todos  anhelamos en base a la total normalización institucional y el inmediato traspaso del  Poder Militar al Poder  Civil. 

En esta hora crucial que vive el Ecuador y  que los ciudadanos han expresado su deseo de poner fin a una larga etapa dictatorial, no puede oscurecerse por la postura de uno o dos dirigentes que se han puesto a regatear la máxima  dignidad parlamentaria. Es preciso ante el pueblo e incluso porqué no,  ante la propia institución  armada,  demostrar que los civiles con responsabilidad política pueden asumir el manejo del Estado.

Es el momento de mostrar posiciones  claras y terminantes. Los diputados y las obligaciones adquiridas pueden cumplirlas desde cualquier posición   y no es saludable que, en vez de robustecer con hechos prácticos las ofertas electorales, estén causando un desequilibrio político   que pone en peligro la confianza popular y además, lo que podría ser más grave aún, la total devolución del Poder por parte de los militares  a los representantes legítimamente elegidos en las urnas.

El Ecuador ha vivido momentos difíciles. La paciencia, el sometimiento a los dictados dictatoriales no pueden ser vanos, porque unos pocos dirigentes políticos anteponen el interés individual al del bienestar de la nación. El ejemplo de renunciamiento al interés particular  ya lo están dando aquellos  perseguidos, desterrados a la selva, expulsados del país.

Es verdad que cada partido político tiene estatutos o impone normas disciplinarias y que los afiliados tienen que responder a ellas, pero por sobre todo ello, está la necesidad de que se busquen los canales más adecuados para que la reconciliación nacional comience en la propia casa.

El  Parlamento Nacional y el futuro gobierno constitucional tienen mucho que hacer.  Tienen,  en  principio,   que  propiciar  el  reordenamiento  jurídico  fundamental;  preparar las bases  legales mediante las cuales comienzan a reorientarse los planes de acción para recuperar la confianza social, la confianza empresarial y   todo lo concerniente a la solución de la situación económica de la mayoría de los ecuatorianos.

Esa es la tarea inmediata, como lo es, la urgente necesidad de moralizar la administración pública, mediante la conformación de los comités del parlamento para analizar, estudiar y revisar todos aquellos proyectos de desarrollo y de inversiones del Estado que no han podido llevarse a la práctica o que están bajo sospecha  de corrupción.

Este es el punto de orden, que tienen que imponerse los dirigentes y diputados, antes que estar buscando la satisfacción de cuestiones individuales. Primero está la nación y la democracia.

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