DIARIO EL TIEMPO DE QUITO
16 DE MAYO de 1979
Contra viento y marea
PUNTO DE ORDEN
Por Javier Simancas C. (Juan de la Luna S.)
El objetivo de cristalizar los anhelos de paz, libertad y conciliación nacional que trae como consecuencia el proceso de democratización del país depende, ahora sí, de lo que hagan y dejen de hacer quienes fueron elegidos legítimamente en los comicios del pasado 29 de abril.
Por ello, es de urgencia que determinados líderes políticos y diputados nacionales renuncien a sus posiciones intransigentes e individuales para dar paso hacia la conciliación nacional que todos anhelamos en base a la total normalización institucional y el inmediato traspaso del Poder Militar al Poder Civil.
En esta hora crucial que vive el Ecuador y que los ciudadanos han expresado su deseo de poner fin a una larga etapa dictatorial, no puede oscurecerse por la postura de uno o dos dirigentes que se han puesto a regatear la máxima dignidad parlamentaria. Es preciso ante el pueblo e incluso porqué no, ante la propia institución armada, demostrar que los civiles con responsabilidad política pueden asumir el manejo del Estado.
Es el momento de mostrar posiciones claras y terminantes. Los diputados y las obligaciones adquiridas pueden cumplirlas desde cualquier posición y no es saludable que, en vez de robustecer con hechos prácticos las ofertas electorales, estén causando un desequilibrio político que pone en peligro la confianza popular y además, lo que podría ser más grave aún, la total devolución del Poder por parte de los militares a los representantes legítimamente elegidos en las urnas.
El Ecuador ha vivido momentos difíciles. La paciencia, el sometimiento a los dictados dictatoriales no pueden ser vanos, porque unos pocos dirigentes políticos anteponen el interés individual al del bienestar de la nación. El ejemplo de renunciamiento al interés particular ya lo están dando aquellos perseguidos, desterrados a la selva, expulsados del país.
Es verdad que cada partido político tiene estatutos o impone normas disciplinarias y que los afiliados tienen que responder a ellas, pero por sobre todo ello, está la necesidad de que se busquen los canales más adecuados para que la reconciliación nacional comience en la propia casa.
El Parlamento Nacional y el futuro gobierno constitucional tienen mucho que hacer. Tienen, en principio, que propiciar el reordenamiento jurídico fundamental; preparar las bases legales mediante las cuales comienzan a reorientarse los planes de acción para recuperar la confianza social, la confianza empresarial y todo lo concerniente a la solución de la situación económica de la mayoría de los ecuatorianos.
Esa es la tarea inmediata, como lo es, la urgente necesidad de moralizar la administración pública, mediante la conformación de los comités del parlamento para analizar, estudiar y revisar todos aquellos proyectos de desarrollo y de inversiones del Estado que no han podido llevarse a la práctica o que están bajo sospecha de corrupción.
Este es el punto de orden, que tienen que imponerse los dirigentes y diputados, antes que estar buscando la satisfacción de cuestiones individuales. Primero está la nación y la democracia.