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Lunes, 03 Agosto 2026 00:40

TESTIMONIOS: EL DOS DE AGOSTO DE 1810

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El Diario de la Revolución y Contrarrevolución  recoge día a día los hechos ocurridos desde el 6 de agosto de 1809 hasta 2 agosto de 1810.El periodista Javier Simancas, es  el autor  de este libro en etapa de edición.

Lo ocurrido  en 2 de agosto es descrito por distintos testigos de cargo del hecho y de los sucesivos acontecimientos que derivaron del establecimiento del Estado republicano de Quito, un año antes. 

Versión  del Obispo  José Cuero y Caicedo  

En la calle del Marqués de Solanda, desarmaron cuatro mozos a seis fusileros que llevaban  sus arcabuces cargados, y armados de bayonetas; pero allí  mismo  murió un pordiosero.

En la calle del Correo, tres solos paisanos  hicieron huír a una patrulla, la desafiaron y silbaron; pero allí abalearon  a un indefenso, a quien remataron- porque quedó  medio vivo- haciéndose pasar la caballería una y otra vez.

Por la calle de la Platería corrieron los mulatos que guardaban el presidio; pero allí mismo dieron un balazo a un músico, y porque no murió del todo, le destaparon los sesos con las culatas de los fusiles.

En la calle de Buenaventura hicieron fuego los santafereños; pero allí murió uno que hizo frente a manos de un mozo desarmado, quiténdole el fusil y pasándole con  la bayoneta.

Pasó una patrulla armada hacia el puente de la Merced, y la vieron  unas pocas mujeres que no pasaban de   seis.

Se encargaron de la empresa de perseguirla y asesinarla, y con sólo piedras lograron ponerla en  fuga vergonzosa.

No  fue el privilegio del sexo el que obró esta maravilla, puesto que habían muerto a algunas calles, y en su balcón a una señora Monje de apellido.

Testimonio del Provisor  y Vicario, Manuel José Caicedo.Fue  un complot.

Oh!  Si pudiera yo referir los pródigos de valor que se vió en esa poca gente que sólo con cuchillos se esforzaron para  liberar a su Patria del yugo férreo de la tiranía. Pero esto sería alargarme hasta lo infinito.Basta referir un pasaje asombroso y original.

Luego que escampó un poco la tempestad, entró a la Plaza Mayor un mozo desarmado, a quien sin duda llevó la curiosidad al mayor peligro. Tiró para la esquina de la grada larga del pretil de la Catedral, cuando reparó a un mulato limeño que le apuntaba.

Se paró  y al ver la acción de rastrillar, se agachó y evitó el golpe.

En la contigencia de ser muerto por la espalda o por delante, para su defensa, eligió el segundo extremo,y mientras se cargaba la segunda véz el fusil avanzó hacia el soldado, distaría veinte pasos cuando se le apuntó de nuevo. Volvió a pararse, y gritó de este modo: apunta bien zambo, porque si yerras otra vez te mató.

 El susto o la borrachera del tirador, o sea la viveza del mozo, le escapó  de este segundo riesgo, pero no pasó por el tercero; pues como un halcón se echó sobre él, le cogió de los cabezones y le estrelló contra el pretil, dejándole en las piedras regados los sesos. A la vista de esto le embistió una patrulla, pero él encontró la vida en la velocidad de su carrera.

El pueblo de Quito dice que la invasión del cuartel fue obra de algunos europeos de acuerdo con los jueces para asesinar con este pretexto a los que estaban presos. Los principios  en que estriba  son estos:Habíase  corrido voces de antemano, como se ha dicho, de que se sobornaba mozos para este fin. El siete de julio se dio la orden por Basantes para el degüello, y el jefe a cuya noticia llegó este exceso nada providenció.

Arredondo dijo en la mesa del Presidente, delante de mucha gente que asistió, que tenía dada orden para que al menor ruido de la ciudad matasen a los presos y los colgasen en las ventanas.

Arechaga  había dicho que deseaba un ataque al cuartel  para que muriesen los  reos y ofrecía el brazo izquierdo para que se quedase el derecho para poder escribir que ya la causa estaba concluída.

Ocho días antes del pasaje, fueron los mulatos al almacén  de D. José Leyba a comprar al fiado unas bretañas y como se las negase dijeron de  aquí a ocho días tendremos plata, con todo las llevaremos sin comprarlas. Luego se supo la venida del Comisionado Regio, y que se aseguró que traía facultad para concluir  la causa de la revolución, levantaron el gritos algunos europeos, infundieron desconfianza en el gobierno, y le sugirieron, que no lo dejase venir por que si Salinas y Morales salieran del cuartel eran perdidos.

Desde entonces fueron mayores las hostilidades contra los presos, y un oficial español del destacamento de Lima llegó a decir que no creería  en el Espíritu Santo, si Morales y Quiroga escapaban a la vida.

Con mil pretextos  se procesó  a mucha parte de la nobleza, y se  le obligó  a huir de la ciudad por no experimentar el rigor de las prisiones que ya sonaban, y aun el Cabildo amenazado.

La ciudad se hallaba consternada y solicita por las bravatas que se oían por momentos en el cuartel. 

Allí salió herido un Teniente de la Corte, que servía al mismo Fuertes, y pereció un dependiente de cierto europeo. En casa del Regente se hicieron las demostraciones de alegría que se han referido, y no había uno de los enemigos de Quito, que no rebozase de gozo. Esa tarde  y noche se mandaron dar de cuenta de Real Haciendo tres botijas, o lo que es lo mismo, ciento veinte frascos de aguardiente a la tropa. 

El saqueo  y la matanza se hizo a la vista de los Magistrados y ni ellos y ni los oficiales los trataron de remediar.Estos  se mantuvieron encerrados en el Palacio dejando sola la tropa contra ordenanza.

Todos estos actos,  dice el pueblo, y la sorpresa que causó  a la ciudad la repentina invasión al cuartel, prueban que ésta  fue obra de los enemigos, que querían verificar los asesinatos y saqueos  tantas veces anunciados. Confieso que me hacen  fuerte estas razones, pero soy imparcial,  y digo que no me convence de todo.

No porque no crea que sean capaces de  tan enormes atentados unos hombres que respiraban un odio tan mortal, como gratuito, sino porque entre tantas personas que concurrieron a esa empresa, es posible que no hubiera algunos amigos de la justicia y de los presos que no lo hubieran denunciado.

Qué quejas tan fundadas y tan amargas.Se oía  discurrir  con energía  a los más idiotas sobre el despotismo y la tiranía con que se había  gobernado la provincia.

Se reclamaba los derechos del hombre ultrajados inicuamente y de un modo tan criminal por los mandones, Se detestaba el abuso del poder y de las normas confiadas por el Rey, no para destruir como se experimentaba, sino para la defensa y conservación de la República.

Se gritaba con vehemencia contra la violación de los pactos jurados y de las solemnes promesas que se habían hecho a la ciudad,  para burlarse de la buena fe del pueblo y entronizar el terrorismo.

Moriremos decían, pero moriremos por nuestra patria y para romper las duras cadenas de la esclavitud que hemos arrastrado tantos años y que se nos han agravado en el gobierno del Conde, para mejor decir, del cruel, del impío Arrechaga. ¡ Cuánto costó al Santo Pastor y a los Ministros del Santuario el tranquilizar esos ánimos justamente irritados!

Fue necesario todo el celo de los enviados del Señor y toda la fuerza de las verdades y máximas del Evangelio para que se aquietasen. Pues bien dijeron entonces no retiramos siempre que V.S.I. salga  de garante de que cesarán las hostilidades de los magistrados y las calamidades que han hecho llover sobre la provincia.

Al señor Presidente no le creemos por estar acostumbrado a profanar la santidad del juramento.

Si les respondió  el Prelado,yo os empeño mi palabra de que todo se acabará y establecerá  la paz, el orden y la tranqulidad.

Recibieron la bendición y se fueron a sus casas, esos héroes cristianos, esos mártires del poder arbitrario.

Versión de Ignacio Torres, testigo directo.

El día jueves  2 de agosto del año 10, mataron  a los señores Juan Salinas, Doctor Juan de Dios Morales, Don Manuel Quiroga, Doctor Riofrío Cura de San Roque( cuya sangre pedía venganza), un señor Aguilera, un señor Peñaherrera, los Catedráticos  señores Bous, padre de los religiosos Bous, un señor Ascázubi, el señor Olea Escribano, y otros más señores que no recuerdo, pero que  fueron cerca de 60.

Por las calles mataron algunos hombres o muchahos que divisaban; durando este asesinato hasta el  día viernes; y el sábado se marcharon los invictos soldados, que saquearon  todas las tiendas, de comercio, covachas del portal, y el gran caudal  del señor Secretario de Cámara, Don  Luis Cifuentes, es decir, como  8.200 pesos entalegados, desde cuya fecha se ausentó a una de sus haciendas de La Tacunga, y entonces empezó  a comer bien, porque antes, con el caudal no la tenía.

Con ese dinero, mejoraron de fortuna, varios pobres que se hallaban en la torre de San Agustín, y otras partes donde dejaban escondidas las talegas los soldados.

Informe  a la Regencia de España de Manuel  Urriez, Conde Ruiz  de Castilla, tras  recuperar la presidencia de la Real Audiencia de Quito

 Señor:

Me faltan voces para referir la serie de infortunios que han sobrevenido desde el 10 de Agosto de 1.809, en que perfeccionaron los quiteños la insurrección que años ha, tenían meditada, y que era el colmo de sus anhelos.

Ya supongo a V. M. sobradamente informado de la Junta que en ese día, formaron las prisiones, en que nos pusieron a mi los Reinoso y otros empleados, en Vuestro Real servicio; y los medios de que me valí para hacer que a poco más de dos meses de duración, se disolviese la Junta, el Senado, la Falange, y otros delirios, se me restituyese en el mando, y por medio mío recuperasen sus respectivos destinos, todos los que se hallaban igualmente   despojados.

El día 25 Noviembre llegaron las tropas auxiliares de Lima, y con este motivo di comisión al Oidor Don Felipe Fuertes, a que conociese en la causa revolucionaria: hice poner en prisión a los principales autores de aquel levantamiento,formóles este Ministro el Proceso, cuya sustanciación duró siete meses, por la madurez que exigía el asunto, y cuando con él di cuenta al Virrey del Reino, ya nada pude adelantar, porque los de Santa Fe, con igual motivo tumultuario, le habían ya depuesto, y cargándole de cadenas, desterrándole: ojala me hubiera tocado igual suerte.

¡A mí me conservan en este lugar, haciéndome sufrir cuanto diré en lo sucesivo!; pero volvamos primero la vista a los presos.

Deseosos los que con ellos llevaban parcialidad de ver libres a sus amados caudillos, asaltaron el cuartel el día 2 de Agosto de 1.810, mataron a los Capitanes Galup y Villa espesa; pero los soldados viendo a sus Jefes muertos, se llenaron de furor,  mataron 18 de los que en el referido cuartel se hallaban encerrados.

Como el Pueblo hubiese engrosado el tumulto, salieron los soldados por las calles, y de una y otra parte hubo matanza, que entre todos se sepultaron al día siguiente cosa de 50 cadáveres.

Deseando calmar las inquietudes del Pueblo, convoqué un cabildo general abierto, a que en él pidiesen las gentes lo que les conviniera; se resolvió con acuerdo del Reverendo Obispo, y todo este vecindario, que regresasen a Lima las tropas de aquel Reino, y se restituyese a esta ciudad los complicados en la revolución, que con la fuga habían evitado la prisión, y castigar.

Así lo verificaron por bando que hice promulgar al día siguiente, alzándose el embargo de bienes, y concediéndoles salvo conducto a los fugitivos, con que quedaron por algún tiempo adormecidos los rumores, aunque no se había extinguido el fuego, pues se reanimó a pocos días con el acontecimiento siguiente.

El Comisionado Regio Don Carlos Montúfar, que V.M. envió a pacificar esta Provincia, escribió desde Cartagena a su padre, el Marqués de Selva Alegre y más deudos, una carta bastante seductiva que sacando yo copia de ella, di cuenta al Virrey del Reino y al del Perú, como también a los Gobernadores de Popayán y Guayaquil.

Vuestro Virrey Don José Abascal me contestó que estorbase el ingreso del Comisionado, valiéndome de los Jefes de Santa Fe y Popayán, pero nada se pudo adelantar en la materia, porque aquel supo engañar a todos, e hizo su entrada pública en esta ciudad el día 4 de Septiembre; y con este Corifeo empezaron los Quiteños a renovar sus ideas de Junta,  la que en efecto se instaló a sus instancias el diez  y nueve del mismo mes.

Pidióme a pocos días el mismo Comisionado que hiciese retirar las Tropas auxiliares de Santa Fe, Popayán, y Panamá, que aun permanecían aquí.

Convine en ello, porque como conocí que era volver a la fermentación de toda esta Provincia, que haciendo cruel carnicería en los soldados, quedarían dueños de las armas del Rey; y también porque me las pedían sus respectivos jefes, para la defensa de sus Distritos.

Yo tuve sobre todo la mira de que saliendo las tropas para esos Departamentos, se reunirían con nuevos esfuerzos para venir a ceñir por todas partes esta ciudad rebelde; van saliendo hasta aquí cabales mis medidas.

Mas entre tanto he tenido mucho que padecer; pues, aunque en lugar de los soldados extranjeros se levantaron Tropas del País, éstas les llevó consigo el Comisionado Regio Montúfar, que salió de esta ciudad en Diciembre a la expedición de formar en Cuenca una junta en esa Provincia, que separándose de esta Capital, se ha sujetado a Lima.

Aquella empresa que dejó necesariamente desarmada a esta ciudad, dio margen a que los Indios y Mestizos tumultuados en Diciembre, matasen a palos al Oidor Don Felipe Fuertes Amar, y a Don José Vergara correo mayor; y embriagados con esta sangre, emprendieron en ese mismo acto el matarme, para lo cual se amotinaron en la Plaza Mayor, y hasta en mi Palacio, miles de gentes, que solo Dios me pudo hacer escapar, y me sostiene aún, sin embargo de que diariamente insisten en su proyecto sanguinario.

Este informe es copia del original, que en borrador existe de la letra del Conde Ruiz de Castilla, a la Regencia de España.

 Acta de reconocimiento de las víctimas y heridos.

Hay tres sellos.- Sello tercero, dos reales.

En la ciudad de San Francisco de Quito, a tres días del mes de Agosto de mil ochocientos diez años.

El Señor Don Juan José Guerrero y Matéu, regidor y fiel Ejecutor de este Ilustre Cabildo, y Alcalde ordinario de primer voto de esta ciudad, sus términos y jurisdicción, por su Majestad, dijo:

Que la premeditada malicia de culpados en el crimen de Estado, excitó el día de ayer a las dos de la tarde, una conmoción con el punible fin de asegurar su impunidad, y hacer otra nueva insurrección, apoderándose de las armas, a cuyo proyecto ensayaron este medio escandaloso, que no pudo producirles el suceso meditado.

Para la averiguación de las personas que perecieron en esta empresa, pasará Su Merced a las Iglesias en que han de sepultarse; y lo que sobre ello ocurriere lo pongo por fe al presente Escribano, quien asistirá a Su merced en estas diligencias.

Y hecho esto, llévese a la vista del Exmo. Señor Presidente, que ha tomado acuerdo sobre este asunto, agregándose la lista que comunicó el guardia que se halla a su cargo.

Así lo proveyó, mandó y firmó, de que doy fe.- Juan José Guerrero y Matéu.- Ante mí, Mariano Losa y Suárez, Escribano Receptor.

Inmediatamente Su Merced, en cumplimiento del auto que precede, asistido de mí el presente Escribano, al auxilio de dos Soldados, pasó  a las Iglesias del Convento Máximo de San Agustín, al Real y Militar de la Merced; también al Seráfico de San Francisco, a su Colegio de San Buenaventura, y a la Capilla situada bajo su Pretil. Así como al de Santo Domingo, y a la Capilla Mayor del Sagrario. 

Primeramente, en la Sala Capitular, el Capitán Don Joaquín Villa Espesa, con una herida en el pecho al lado siniestro, hecha al parecer con puñal, por el partido de los Revolucionarios que atacaron el cuartel.

Igualmente el Capitán Don Nicolás  Galup, con herida en la tetilla, causada al parecer con arma blanca como de bayoneta

Luego el distinguido Mena, con dos heridas, la una de bala en el pecho, y la otra en los labios, con bayoneta.

Tres soldados de los últimos de la guarnición de Cuenca, que habían sido conducidos desde Lima, según lo informaron los referidos anteriormente, cuyos nombres lo ignoran, que acabaron sus días con diversas heridas en distintas partes.

El Capitán Don Juan Salinas tuvo heridas en cuatro partes de la cabeza, siendo causadas de bala, y varias cortaduras en el pecho.

El Dr. Don Manuel Rodríguez de Quiroga, con dos en la cabeza, la una de bala y la otra de sable.

El Dr. Don  Juan de Dios Morales, con varias en la cabeza causadas de bala,  y una en el pecho con arma blanca.

Don Juan Larrea, con dos balazos en la cabeza, y seis en todo el cuerpo con instrumento cortante.

El Escribano Atanasio Olea, con la tapa de los sesos fuera.

Don Mariano Villalobos con el mismo defecto.

Don Vicente Melo, con una herida en la boca ocasionada por bala.

Cuatro personas más a quienes no se pudo reconocer, por lo desfiguradas que se hallaban, con varias heridas en cara y cuerpo.

Un González casado en Cotacachi, con varias heridas, cuya calidad no podía discernirse.

El músico Vicente Andrade, con tres heridas en la cabeza, brazo y piernas, todas de bala.

El Tenedor de lienzos, habitante en la calle del Matadero, y tienda de Racilio Rivera, con muchos golpes, y heridas de bala.                                                                                                               

El Morlaco Gonzáles, conocido por el denunciante, con una herida de bala en la cabeza.

José Jara, que se hallaba preso en el presidio, con herida de bala en la tetilla.

Narciso de tal conocido por el chocolatero, con muchas heridas de sable, y su padre con las mismas.

Manuel  albañil, habitante de la Loma y casa del Niño Jesús, con diversas heridas.

Igualmente Ramón Vicuña Trangero.

El indio Antonio López, preso en el presidio por ladrón, con diversas heridas.

El soldado de la antigua Guarnición N. Rodríguez, que se hallaba preso en el presidio, con iguales heridas.

Ramón Hidalgo, que se hallaba preso allí mismo, por ladrón, con muchas heridas.

La negra del Dr. Quiroga, con herida de bala en la espalda.

El Dr. Don Pablo  Arenas, con varias heridas de bala en diversas partes.

El Teniente Don Nicolás Aguilera, del mismo modo.

Don Carlos Betancourt, de igual manera.

El soldado José Cerón, que se hallaba preso en el presidio, con diversas heridas.

Otro soldado, con iguales heridas.

Doña N. Monje, de un balazo.

Don Francisco Javier Asca subí, con varias heridas de bala.

El Dr. Don José Riofrío, cura de la parroquia de Pintag, de un balazo y herida de bayoneta.

El soldado José Rodríguez, de los presos en el presidio, con diversas heridas.

Marcelo Falcón, carpintero, con varias heridas de bayoneta, y golpes de culata de fusil.                                                              

Mateo Villandrando, herrero de la calle del Mesón, con varias heridas de bala y sable.

Para que conste y obre los efectos que haya a lugar en derecho, pongo por diligencia firmándola con dicho Señor Alcalde, de que doy fe.- Guerrero, Mariano Losa y Suárez, Escribano Receptor.

Lista de heridos

Heridos que han entrado desde ayer hasta hoy 3 de Agosto:

1.- Valentín Guertas, de la 2da. Compañía del Real de Lima: heridas con cuchillo, una  en la pierna, otra en la espalda, y cuatro en la cabeza, la una bastante profunda. A éste le hirieron los que entraron en la prevención del Cuartel de la Compañía.

2.- Manuel Calderón, de la tercera  Compañía de Santa Fe, una en la tetilla y otra en la región del estómago.

3.- Manuel Lascano, de la primera Compañía de Pardos, rotura de cabeza.

4.- Mariano Tapia, de la cuarta Compañía de Popayán, heridas de sable, una en el omoplato o espalda, bastante profunda; lo hirió uno de los presos de la prevención con sable.

5.- Manuel Morocho, de la primera Compañía de Pardos, lo hirieron en el Hospicio, pero no da razón con qué arma lo hirieron: son dos heridas, la una en el brazo y la otra en el pecho, que está peligrosa. Las heridas fueron en el Presidio.

6.- José María Salcedo, de la Compañía de Santa Fe, con heridas mortales, y como está privado no da razón; pero son sablazos en la cabeza,

7.- José Venancio Gabbis, de la segunda Compañía de Pardos. Heridas de cuchillo, una entre la nariz y la boca y otra en el brazo. Lo hirieron en la calle.

8.- Mariano Pérez, de la segunda Compañía de Dragones. Sablazo en la sotura izquierda de la cabeza.

Hallándose también en el Hospital dos heridos, un indio Melchor Hurtado con sablazos en la cabeza y dos en los brazos con heridas profundas. Otro niño de edad de once años con un sablazo en la cabeza y en la mano.- El prefecto del Real Hospital.

Concuerda con su original, que obra en poder del presente Escribano, al que en caso necesario me remito: va cierto y fielmente copiado, que a pedimento verbal del Señor Ministro Fiscal Doctor Fidel Quijano, doy el presente firmado y signado en esta ciudad de San Francisco de Quito. Concuerda con su original, que obra en poder del presente Escribano, al que en caso necesario me remito: va cierto y fielmente copiado, que a pedimento verbal del Señor Ministro Fiscal Doctor Fidel Quijano, doy el presente firmado y signado en esta ciudad de San Francisco de Quito. Es testimonio de verdad. Juan Antonio Ribadeneira.Escribano de Regia y Mayor  del Gobierno.

 

 

 

 

 

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