Para el periodo comprendido entre septiembre y noviembre de 2026, los modelos indican una mayor probabilidad de temperaturas superiores a lo normal en prácticamente todas las zonas terrestres, acompañadas de patrones de precipitaciones característicos de un fuerte episodio de El Niño. Estas alteraciones pueden repercutir en sectores especialmente sensibles al clima y aumentar la necesidad de anticiparse a posibles emergencias.
En algunas zonas, las temperaturas subsuperficiales superaron en más de 8 °C el promedio durante julio y principios de agosto. La combinación de estas señales oceánicas con los cambios observados en la atmósfera y la coincidencia entre distintos sistemas internacionales de predicción explican por qué la Organización Metereológica Mundial,OMM considera que El Niño persistirá, al menos, hasta comienzos de 2027.
La OMM subraya que los efectos de El Niño cambian según la ubicación y la época del año y pueden verse reforzados, debilitados o modificados por otros factores climáticos en los océanos Índico y Atlántico.
La prioridad ahora, según la organización, es convertir el pronóstico en acción temprana. Aunque no todos los países experimentarán las mismas consecuencias, saber con meses de anticipación que un fenómeno de esta magnitud se está desarrollando ofrece una oportunidad crucial para reducir las pérdidas humanas y económicas antes de que sus efectos más severos se materialicen.
El Niño es un fenómeno climático natural caracterizado por un calentamiento de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental. Suele aparecer cada dos a siete años y durar aproximadamente entre nueve y doce meses. No está causado por el cambio climático, aunque en la actualidad este fenómeno se produce en el contexto de un océano que ha registrado un récord de temperaturas.
Un fenómeno muy fuerte no significa los mismos impactos en todas partes: inundaciones en unas regiones y sequías en otras, ambas con impactos desastrosos en la vida de la población y de los países.