Por Fernando Borja Gallegos
27 de diciembre de 2019
El 9 de abril de 1948, a la 1 y 15 minutos de la tarde, el Dr. Jorge Eliecer Gaitán, director del Partido Liberal, fue asesinado mediante tres tiros disparados por Juan Roa Sierra. El criminal fue capturado por la muchedumbre y arrastrado hasta la puerta principal del Palacio de Gobierno, lugar donde lanzaron el cadáver de Roa Sierra. El presidente Ospina Pérez, varios ministros de Estado y algunos funcionarios se encontraban reunidos en la sede del gobierno.
La noticia del atentado y posterior muerte del líder popular enardeció a las masas, que frenéticas, recorrían las calles de Bogotá destruyendo todo a su paso, como los edificios de la Nunciatura, del Ministerio de Relaciones Exteriores, el Hotel Regina y muchos edificios más.
El Gobierno decretó el Estado de Sitio en casi toda Colombia. Pese a ello, el pueblo al grito de abajo Laureano Gómez, abajo Ospina Pérez, continuó quemando comercios y entidades públicas.
El ejército y la policía se vieron obligados a disparar al bulto… caen los primeros heridos… aparecen los primeros muertos, lo que aumentó la ira popular.
Cuando la muerte de Gaitán, el 9 de abril de 1948, sus partidarios aspiraban que, a la terminación del periodo del Ing. Ospina Pérez, asuma su líder el poder.
La profunda tristeza que embargó a Colombia, se exteriorizó en su máxima expresión en el sepelio de Gaitán, sepelio que tuvo lugar once días después de su asesinato. Más de cien mil personas concurrieron al entierro y rememoraron constantemente la consigna de su ídolo:
“Si avanzo, seguidme;
Si retrocedo, empujadme;
Si os traiciono, matadme;
Si muero, vengadme.”
Jorge Eliecer Gaitán, fue vengado por su noble pueblo y, desde aquel día, la guerra civil se inició en ese gran país.
Hoy, los colombianos y la comunidad internacional añoran la paz, que así sea. Retome los diálogos, discutan los puntos de divergencia y afirmen las coincidencias… pero que no se pierda la paz.
Para el efecto, amplíese la participación de los principales actores del SI y del NO, en igualdad de condiciones, sin prepotencias, pensando en el interés nacional y no en el particular.
Abrigo la esperanza, que la unidad nacional, de paso al dialogo que permita el restablecimiento de la paz y el orden en ese gran país.
Grande es la responsabilidad del Presidente Iván Duque, en el 2020, sobre aspecto tan delicado que tiene que ver con el retorno de la paz y tranquilidad a la República de Colombia.