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Lunes, 17 Julio 2023 02:55

CARCELES-TORTURA

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DIARIO EL TIEMPO DE QUITO
9 DE OCTUBRE DE 1979

Espejo del Ecuador
                                                                                                                              CARCELES-TORTURA

Javier Simancas C.
Las cárceles ecuatorianas no solo lesionan la integridad de los hombres y mujeres que cumplen condenas sino que ponen al descubierto la inoperancia de los encargados del control de esos centros y algo más aterrador todavía, las atrocidades a que son sometidas las víctimas que caen en manos de la policía.

A esto se agrega que el aparato judicial, de por sí lento y engorroso, no acelera los trámites para administrar justicia, permaneciendo miles de presos sin fórmula de juicio y sin la instauración del proceso correspondiente.
Seguramente esto habrá conocido el Subsecretario de Gobierno en las sorpresivas y fugaces visitas que ha realizado últimamente y también habrá oído las constantes denuncias sobre infinidad de atrocidades que en contra de los presidiarios cometen las autoridades, quienes con disimulada brutalidad y un falso concepto disciplinario ensayan en esos seres humanos los más refinados métodos de tortura y represión.
Esta forma de violencia en los centros penitenciarios para castigar a los ciudadanos no es una novedad en nuestro medio. Si antes la forma de tortura para que declaren los delitos era el suplicio de tenerlos colgados de los dedos pulgares, ahora este sistema se ha perfeccionado sutílmente.
La tortura no deja huellas fìsicas, simplemente, en unos casos, basta solamente un vaso de agua con sal y un poco de detergente para que el sospechoso "hable." Este suplicio incluso va más allá de esas supuestas confesiones forzadas aceptando tal o cual delito.
El famoso “Reservado,” terror de los presos, es otra práctica diaria en contra de la dignidad humana. En el Penal García Moreno, existe una celda húmeda de un metro de ancho por dos de largo; ahí son castigados los reclusos por actos indisciplinarios o como recurso de persuasión. Ese reducto carece de luz y de los servicios indispensables de higiene; pasan días y noches las víctimas sin poder dormir, sin poder comer, hasta que, al fin alguien se acuerda y los vuelve a la vida.
Gran parte de los presos están sujeto al capricho y la cólera de los guardianes y a la picardìa de éstos. Hay casos en que familiares de las víctimas vienen hasta Quito desde lejanas tierras, trayendo pequeñas cantidades de dinero, comida, que nunca llega al destinatario y hay casos en que los presos salen por las noches para seguir cometiendo fechorías en sociedad con los custodios.
Esto y más habrá oído el señor Subsecretario, como también sabrá de los innumerables arrestos arbitrarios, de las muertes accidentales, de las famosas batidas en centros nocturnos de fin de semana para diversión de cierta oficialidad.
Mas todo indica que solo ha observado una parte del triste panorama de las cárceles ecuatorianas. Ha visto las condiciones infrahumanas de vida, ha escuchado quejas sobre castigos, sobre la insuficiente alimentación, falta de atención médica, pero de la sutil, solapada brutalidad anónima que soportan, casi nada. Hay refinación para la tortura; el agua la sal y el detergente es solo una de las fórmula,así como el uso de la corriente eléctrica en sus partes íntimas..
La Constitución Política y los principios universales de respeto a los Derechos Humanos es clara. ¿Acaso los presos comunes no son seres humanos que merecen respeto y consideración?

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