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DE PSICOLOGO A MENDIGO

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DIARIO EXPRESO DE GUAYAQUIL 

30 de  enero de 1989

DE SICOLOGO A MENDIGO

Por Javier Simancas C.*

Lo conocí cuando sus sueños como los míos comenzaron a ser inconclusos. El quería ser periodista y yo psicólogo.pero la cosa resultó al revés y yo terminé de periodista y él de psicólogo-mendigo.

Vivía en el mismo barrio, en donde la casualidad de provincianos, nos convirtió en residentes pasajeros: en la calle Venezuela, tras el colegio Nacional José Mejía Lequerica.

Desde ese enconteces,1968, Juan Andrango ya era diferente. Su falta de vista, pues usaba los mismos  lentes  gruesos que ahora lleva puestos recorriendo las calles cargando una gris funda de yute y un largo abrigo.

La ceguera lo hacía más meticuloso que cualquier otra persoana;tenía que hacer doble esfuerzo para leer, escribir  y sobre todo estudiar. Incluso cuando reía tenía ese gesto de un hombre que no lo hacía  con el gusto y despreocupación  de nosotros.

El no podía salir a las calles a lanzar piedras  contra la policía que defendía al gobierno de José María Velasco Ibarra, pero le encantaba que nosotros  le narremos  al final del día  sobre nuestras “jornadas de lucha callejera” al  grito de luchar y morir por la revolución.

Vida siempre había sido una  tragedia. Víctima de un padre déspota, de  sus hermanos que lo marginaron, encontró en nosotros algún alivio, pero no exento de bromas de mal gusto o de malos humores.

Su historia de un joven universitario brillante se convirtió en la historia de una tragedia viviente.

PROHIBIDO ESTUDIAR

En el seno de la familia Andrango Juan era la excepción.Quería ser periodista y para ello se había preparado y a hurtadillas obtuvo el título de bachiller, puesto que su padre le había  prohibido  estudiar.Sus hermanos siguieron el mismo  camino de su padre, ser los sastres del barrio que confeccionaba pantalones, sacos y arreglaba lo viejo o cambiaba los cuellos de las camisas.  Lo mismo hacia Juan con nuestras ropas.

¿ Sabes por qué no veo? me  dijo. Desde niño mi padre me prohibió estudiar. Prender un foco en la noche era casi un delito. Decía mi padre que se gastaba por la plancha y que no tenía con qué pagar.

 Entonces yo pensé que lo mejor que podía  hacer era robarse la luz. Por las noches mientras todos dormían yo estudiaba y estudiaba debajo de las cobijas sin permitir que un solo rayo  de luz se fugara hacia afuera.  Por eso perdí la vista  y fue otra guerra cuando tuvieron que gastar en mis primeros lentes.

Robar la luz y estudiar clandestinamente me costó no solo una  sino múltiples golpizas, pero salí adelante y logré que, al fin, mi padre me inscriba en el colegio. Fue  otra tragedia  mi vida en el colegio. No podía ni querían integrarme a los juegos infantiles.Entonces mi refugio fueron lo libros. Siempre me dolía la cabeza y casi la mayoría de las veces anduve  corriendo de puerta en puerta dejando  trajes y ropa, porque mi padre quería para “ ayer” lo que tenía que hacer hoy.

 Fue así que te encontré amigo.

.BRILLANTE ESTUDIANTE 

Cuando conocí  Juan Andrango tenía una obsesión: ser periodista a como dé lugar, pero terminó inscribiéndose en la Facultad de Filosofía, Letras y  Ciencias   de la Educación,especialización Psicología. Le gustaba más la literatura  que la ciencia, por eso cuando me regaló “La Amada Inmovil” de Amado Nervo, le pregunté si no le daba pena hacerlo. El me respondió  que quería que sea yo su compañero.

 No ocurrió ni lo uno ni lo otro. Yo terminé de periodista y él tuvo seis años de estudios universitarios.Fue   considerado por algunos profesores    y por sus compañeros    como  uno de los estudiantes brillantesque.

Después de aquellos contactos iniciales en el barrio y la Universidad, nuestros encuentros fueron más esporádicos. Un día me contó que se había vuelto más meticuloso porque las fallas de su vista eran más acentuadas  y porque no podía realizarse una nueva medición. Sus compañeros habían emprendido en una colecta para enviarlo  a la famosa clínica de especialización de vista colombiana Barraquer. Aquella colecta se hizo  mas, como no podía   faltar la perversidad humana, el que hizo de tesorero se quedó con parte del dinero. Sin embargo Juan  viajó a Bogotá  y en algo recuperó la vista.

 Se había enamorado y así le expresó  a su compañera  en un baile, aunque sin resultados ya que, como ella dijo, lo quería mucho como amigo.

 DEASASTRE FINAL 

Los esfuerzos dobles para estudiar, los factores psicológicos y su descuido personal    que influyen en su personalidad fueron los que conspiraron para que su  frágil humanidad  no resista más. Al  egresar tras concluir sus estudios, Juan Andrango comienza  a manifestar sus primeras perturbaciones mentales. La obsesión  porque dos o tres profesores le impidieron graduarse lo agobió y agudizó  su  inicial paranoia, la cual estalló al sentirse más solo cada día  y más  ciego. 

Al mejor egresado lo habia  reprobado un tribunal de grado.Ahora no hay semana que, convertido en mendigo se lo vea afuera del edificio de la Facultad de Ciencias de la Educación, buscando a sus “enemigos”  y gritándose que le hagan justicia y reparen la medida por ser ciego. En  algunas paredes  de otros edificios  de la ciudadela universitarias y calles aledañas se  leen  mensajes  en contra de los profesores que le impidieron ser psicólogo.

 ¿ Quién no ha visto al mendigo con lentes? Deambula  por las calles céntricas de Quito  y duerme junto a otros 300 indigentes  en los portales de las antiguas casas coloniales, quienes acurrucados se abrigan del frio de las noches quiteñas. Sus compañeros  cuentan que muchas veces deparece por  semanas por lo que lo extrañan para compartir  su  soledad y miseria.

 * el autor fue Jefe de Redacción del Diario Expreso en Quito en la fecha en que se publicó está crónica.

 

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