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Viernes, 06 Febrero 2026 01:18

LOS GUAYACANES Y LA LIBERTAD

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Por Fernando Borja Gallegos

5 de febrero de 2026

En el sur del Ecuador, en la Provincia de Loja, en el sector de Zapotillo, entre enero y febrero de cada año, con las primeras lluvias, aparece el florecimiento de los guayacanes, con sus brillantes flores torna amarillo el paisaje, el camino y el sendero y con una alfombra dorada por las hojas desprendidas de los frondosos árboles.

El espectáculo maravilloso que atrae a miles de turistas nacionales y extranjeros, es muy popular: el visitante ante el grandioso evento, graba en su corazón y en su mente los apasionados momentos.

Comento sobre el particular en virtud de que, en días pasados, tuve la grata sorpresa de leer un poema escrito por el poeta lojano Javier Drausin Simancas, respetable periodista que fundó y dirigió “EL Picaflor”, primer periódico de la Provincia de Loja, el que circuló desde el año 1915. El prestigioso periodista, profesor y abogado, fue padre de Silvio Lucio Simancas, intelectual que con el seudónimo de “SILUSI” colaboró con los prestigiosos medios impresos El Picaflor y Diario Opinión del Sur.

Fundamental señalar que el licenciado Javier Simancas Cevallos, siguiendo la trayectoria de su abuelo y padre, respectivamente, sigue buscando la libertad y la moral a través de su medio de comunicación digital Radioequinocccio.com, medio de comunicación que cuenta con la colaboración de su brillante cónyuge la licenciada Flora Proaño, ex Presidenta de la Unión Nacional de Periodistas del Ecuador.

Nada más oportuno que concluir mi artículo reproduciendo el poema “Las flores del guayacán” del citado hombre de letras Javier Drausin Simancas:

Bajo el sol de la tarde, el guayacán despierta

y se viste de gala con su traje amarillo;

es un grito de luz, una llama desierta

que pone en el paisaje su mágico brillo.

Son alfombras de oro que el viento desata,

caricias del tiempo que el suelo recibe;

una herencia de flores que el alma retrata

y en el pecho del hombre, callada suscribe.

¡Oh belleza, que pasa!  ¡oh!, fugaz alegría!

Que nos dejas el rastro de un sueño dorado;

eres breve el destello, como el fin de la vía.

Un instante de gloria por Dios regalado.

Cuando caen sus pétalos, guayacán de mi tierra,

se nos queda el aroma de lo que se ha ido;

es la paz que florece en medio de la guerra,

es el canto del alma que no se ha perdido.

 

 

 

 

 

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